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Colosenses 3:16-17 (NTV)

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METAS Y ATLETAS

 

A propósito de los Juegos Olímpicos que se realizan en Río de Janeiro, Brasil, encontré esta reflexión y se las dejo.

 

1 Corintios 9:24-27: 24

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.  Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.  Así que, yo de esta manera peleo, no como quien golpea al aire,  sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

 

¿Cuáles deben ser las metas del atleta cristiano?

 

Correr para ganar (V. 24); Vivir disciplinadamente (V. 25); Tener un destino determinado (V. 26); Pelear la batalla objetivamente (V. 26); Ser ejemplo en el servicio (V. 27)
 

 

¿A quiénes compara el Apóstol aquí? ¿Cuál es su característica distintiva? ¿A dónde corría Pablo y con quién peleaba?

 

1. Se compara con:


- Los atletas dedicados a correr: “yo de esta manera corro”.
-Los pugilistas o boxeadores: “de esta manera peleo”.

 

La característica distintiva de ambos es la disciplina del duro entrenamiento. Hay muchas cosas que los competidores quisieran hacer o divertirse más con sus amigos, pero no lo hacen porque eso podría privarles del premio mayor.

La Versión Internacional dice “Todo el que compite en los juegos olímpicos se impone a sí mismo un severo entrenamiento, ellos lo hacen para recibir una corona de laurel que al fin se ha de marchitar; pero nosotros lo hacemos para conseguir una corona que durará para siempre.”

 

La versión Latinoamericana dice: “Así, pues, yo corro, sabiendo a dónde voy. Doy golpes, no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que habiendo predicado a otros, venga a ser eliminado.”

Podríamos decir que aquí estaba el éxito del ministerio de Pablo:


2.- Tenía un objetivo claro y definido.

 

“Corro, no como a la aventura” “no como a ciegas” o “sin rumbo fijo”. En otra ocasión dijo: “me esforcé a predicar el evangelio no donde Cristo ya hubiese sido nombrado”. Todos sus viajes tenían este propósito.

 

Adoptó una disciplina férrea.

“Golpeo mi cuerpo”, “obligo a mi cuerpo a que me sirva”. Podríamos decir que toda competencia es dolorosa. El buen deportista sabe bien que sin dolor no tendrá el premio. Los que triunfan deben soportar el sufrimiento hasta límites increíbles, obligando a sus piernas a continuar corriendo aun cuando ya no pueden más.

 

3.- En tercer lugar, tuvo éxito porque temía ser eliminado.

 

“no sea que después de haber proclamado a otros, yo mismo sea reprobado”, “eliminado”, “descalificado”. Para Pablo no existía tal cosa como “una victoria segura”. Sabía que debía luchar todos los días porque podía perder el premio. ¿Después de tanto trabajo, persecuciones, desvelos, sufrimiento y preocupación para que la iglesia prospere podría ser eliminado? Si. Eso es lo que dice el texto.

 

1ª Corintios 9:24-27, nos enseña que Lo importante no es simplemente participar, sino participar y ganar.

Cuando se celebra una carrera, del tipo que sea hay un lema deportivo que no debe olvidarse, y es que “lo importante no es ganar, sino participar” y con esto uno debe emprender la carrera y aunque no gane estar contento porque se ha participado.

 

Se suele creer que en la fe pasa lo mismo, que el hombre debe esforzarse lo suficiente, andando o corriendo por esta vida, recordando que lo importante es participar. En el texto de hoy, Pablo nos dice que no es así. El versículo 24, recuerda a los creyentes que hay un premio y les recomienda: “Corred, de tal manera que lo obtengáis”. Parece antideportivo que se recomiende al creyente que corra para ganar, pero en ese sentido lo es.

 

No se está hablando aquí de la salvación, que naturalmente es gratuita y nadie nos puede quitar, sino de una recompensa que recibiremos de acuerdo a nuestro comportamiento aquí en la tierra, una recompensa a nuestra manera de vivir la fe que un día experimentamos.

 

En este sentido debemos ser ambiciosos, y correr de tal manera, que obtengamos el premio. Ser tan consecuentes en nuestra fe, en esta vida, que Cristo nos ponga a su derecha junto con los corderos que fueron fieles y que recibirán su recompensa.

 

Como en toda carrera, se necesita una preparación. Alguien no preparado no puede emprender una carrera. Se necesitan técnicas para que nuestro correr sea provechoso, y sobre todo mucha constancia, para que no sean esfuerzos puntuales que no llevan a nada, sino un trabajo constante que nos llevará a la meta, victoriosos.

 

Continuará...

 

 

 

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