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JUSTO A TIEMPO

 

Existen cualidades que hacen que una persona sea ejemplar, respetable y digna de admiración. Por ejemplo, ser amable, cortés, generoso, comunicativo, fiel, amistoso, puntual, etc. Jesús tenía éstas y muchas más y nuestro anhelo debe ser parecernos cada vez más a él.

Jesús siendo Dios, también fue hombre, pero un hombre perfecto, “Él no pecó nunca, y jamás engañó a nadie” (1ª P.2:22) Sin embargo, pareciera que se nos olvida ese detalle y en más de una oportunidad nos molestarnos con él, por “llegar tarde” o, dicho de otra forma, por demorar su respuesta y no responder en el preciso momento en que nosotros deseamos Jesús no es impuntual. La impuntualidad, por desgracia, pareciera una moda contagiosa. Lejos de ser algo admirable es una señal clara de una vida desordenada, estropea el buen desempeño de nuestras actividades, lo retrasa todo y es una falta de respeto por el tiempo de otros. La impuntualidad nos roba bendiciones.

 

En Juan 11, Marta y María, amigas de Jesús, lo acusaron de ser impuntual. Lázaro, (hermano Marta y María), había estado muy enfermo y llamaron a Jesús para que fuera a visitarlo y en lugar de hacerlo, él demoró dos días su viaje. Lázaro murió y sus hermanas estaban desconsoladas. Cuando finalmente llegó Jesús, (a nuestro juicio y al de las hermanas, tarde), le reprocharon por no haber llegado a tiempo. Jesús no era un “simple mortal”, Él es Dios, dueño del tiempo, sabe lo que va a pasar y lo que es mejor para nosotros. Aunque nos cueste entenderlo, no podemos limitarlo a nuestros horarios y formas. Él nunca llega tarde.

 

Las “tardanzas” de Dios nos hacen pensar que no nos ama, o que no nos escucha. Sin embargo Él siempre suple todas nuestras necesidades de acuerdo a Su programa y propósito perfecto. “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues, así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos”. Is.55:8-9

 

Jesús tuvo muy buenos motivos para no llegar en el momento en que lo pidieron sus amigas, sino dos días después. La resurrección de Lázaro fue una tremenda demostración de Su poder sobre la vida y la muerte, entre otras cosas. Jesús es nuestro perfecto ejemplo de orden, armonía y “puntualidad”. Él mismo vino al mundo "en el cumplimiento del tiempo". Y vivió en esta tierra cumpliendo en el momento preciso los propósitos de Su Padre Celestial. ¡Queremos ser como tú Señor! “y llegaremos a tener todo lo que nos falta; seremos perfectos, como lo es Cristo, porque conocemos al Hijo de Dios y hemos confiado en él”. Ef. 4:13b 18-07-16

 

 

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