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Hay Dolores Buenos

Cuando nos disponemos de corazón a ser enseñados, cambiados y corregidos por Dios, no debería asombrarnos el pasar por momentos dolorosos en los cuales sentimos que se nos aprieta el corazón.

 

 

Verás, tal como en algún momento de la vida los padres tenemos que tomar firmemente del brazo a un hijo/a desobediente o travieso para llamarlo al orden, nuestro Padre celestial tiene que ponerse “serio” y llamarnos la atención.

Somos por naturaleza rebeldes, nos salimos fácilmente del orden y rápidamente nos volvemos insensibles al pecado. Tendemos a auto-justificarlo o peor aún nos dejamos convencer por los argumentos de quienes  relativizan el pecado, los que creen que todo se vale y terminamos creyendo que no somos tan “malos”, que todo el mundo lo hace, que debemos actualizarnos y que no deberíamos ser tan duros con nosotros mismos.

 

“Todo es puro para los de corazón puro. En cambio, para los corruptos e incrédulos nada es puro, porque tienen la mente y la conciencia corrompidas. Tales personas afirman que conocen a Dios, pero lo niegan con su manera de vivir. Son detestables y desobedientes, no sirven para hacer nada bueno”. Tito 1:15-16

 

Tenemos un Padre amoroso, perfecto y santo. Él nos ama y no está dispuesto a abandonarnos. Porque nos ama tanto hará todo lo posible por sacarnos del pecado y volvernos al buen camino. Su presencia y cuidados están siempre sobre sus hijos y se encarga de hablarnos, por medio de su Espíritu Santo. Es una voz interior que nos advierte y nos “aprieta con fuerza”, al grado que llega a doler. Lo hace para hacernos volver en sí, para convencernos de nuestro pecado, para que entendamos que esas acciones le ofenden y no corresponden a un seguidor de Cristo.

 

¡Hay dolores buenos! El que sentimos cuando nos damos cuenta que estamos en pecado y ofendemos con ello al Señor. Es ese dolor que el Señor permite para hacernos entrar en razón, arrepentirnos de corazón, confesarle nuestras faltas, recibir su perdón y volvernos al camino que nos llevará a vivir la verdadera libertad, una libertad perfecta en Cristo, guiados por su tierna mano.

 

Basta de llamar “bueno a lo malo” debemos ver el pecado tal como es, contrario a Dios, y responder entonces, acertadamente.

 

“Derramen lágrimas por lo que han hecho. Que haya lamento y profundo dolor. Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría. Humíllense delante del Señor, y él los levantará con honor”. Santiago 4: 9-10

 

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