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VISITA AL MUSEO

 

Un anciano, quien se consideraba un experto crítico de arte, fue al museo con sus amigos. Llegando allí, se  percató que había olvidado sus gafas en casa. El problema era que sufría un grave problema de miopía que le impedía ver los cuadros con claridad.

 

Comenzaron su recorrido en la galería y ni siquiera la ausencia de sus gafas impidió que se explayara en sus comentarios ácidos y lapidarios frente a cada cuadro.

 

Finalmente llegó un retrato de cuerpo entero y comenzó a criticarlo. Con ínfulas de experto y una buena cuota de superioridad dijo: -"El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido de forma ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato, ¡qué falta de respeto!".

 

El anciano continuó parloteando hasta que su mujer logró llegar a su lado y discretamente le dijo al oído: "Querido, estás mirando un espejo".

 

Esta historia ejemplariza lo que el orgullo, la arrogancia y la soberbia ocasionan en nuestra vida. Nos ciega a tal grado, que sólo vemos y criticamos aquello que consideramos malo en los demás y perdemos la capacidad de ver y admitir nuestra verdadera y lamentable condición.

 

Nada más alejado y opuesto al corazón de Dios que el orgullo y la soberbia. Estos tipos de “cáncer” apestan a azufre y nos separan y enemistan con Él.

“El Señor detesta a los orgullosos… ”. Prov. 16:5a


Hagamos un recorrido por nuestro propio “museo” y analicemos si en alguno de nuestros “cuadros” hay alguno tipo de “cáncer” anidado en nuestro corazón. Meditemos si hay en nosotros…

- Orgullo, dependemos de nuestras habilidades y de lo que sabemos y nos damos el lujo de vivir independientemente de Dios y de los demás. Nos volvemos incrédulos y nos cuesta perdonar.

- Soberbia, nos sentimos tan espectaculares que todos quedan chicos a nuestro lado. Todo lo sabemos, todo lo hemos experimentado, todo lo hemos logrado, gracias a nuestro propio esfuerzo. Nos sentimos perfectos. Nos gusta sobresalir para ser reconocidos.

- Arrogancia, nos sentimos superiores, menospreciamos a quienes no tienen nuestro nivel intelectual, social, tienen otro color o nacionalidad, etc.

- Autosuficiencia, “todo lo podemos “ y nos es difícil trabajar en equipo, nadie puede hacer las cosas como yo… Nos volvemos egoístas y buscamos satisfacernos a nosotros mismos.

 

Nada de lo que sabemos o podamos hacer nos hará “aptos” para ser usados por Dios, es por pura gracia y misericordia. A Él le interesa quienes somos, nuestra dependencia de Él y el estado de nuestro corazón y el resto….  ¡lo hace Él!

 

“Así que humillémonos ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él nos levantará con honor”. 1ª Pedro 5:6

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