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TIEMPO DE ELECCIONES


Tiempo de Elecciones

Aun siendo extranjera en tierra chilena, por ser residente permanente en este país, se me ha dado el privilegio y la responsabilidad de votar. Hoy, todos los inscritos en el registro electoral, tuvimos cumplir con nuestro deber cívico, yendo a votar por segunda vez y así decidir quién será la persona que estará al frente, como presidente de Chile.


Este tiempo de elecciones me hace recordar del privilegio y la libertad que Dios nos ha dado a nosotros sus hijos, quienes “no siendo ciudadanos de este mundo”, sino extranjeros de paso, también tenemos el privilegio y la libertad para elegir.


En la 2ª carta el apóstol Pedro (Cap. 1), nos hace una invitación: elegir dejar de pensar tanto en nosotros, ponernos la camiseta divina e involucrarnos más en los asuntos del Reino. Nos llama a conocer al Rey, para aprender a confiar más en él, a tener un carácter digno de admiración, esforzarnos por hacer el bien, amar a todos por igual, etc. (V.5-7)


Obviamente, el poder para ser transformados y crecer, no viene de nosotros, sino de Dios. Por nuestros propios medios, por más que nos esforcemos no lo lograremos. Debemos atender al llamado que Él nos hace y elegir voluntaria y responsablemente hacerlo a la manera de Dios, con Su ayuda y no solo para nuestro propio beneficio, sino también para el de los demás.


¿Cómo lo haremos? Dios ha provisto todo lo necesario para lograrlo. Él envió a su Hijo Jesucristo para que por medio de él podamos ser ciudadanos permanentes de Su Reino, y junto á el, movidos por el poder de Su Espíritu, hagamos las cosas que él haría. Sólo así podremos transformar no sólo nuestra vida o el entorno, o nuestro hogar o nuestra iglesia, sino que nuestro país entero…


“Así que, amados hermanos, esfuércense por comprobar si realmente forman parte de los que Dios ha llamado y elegido. Hagan estas cosas y nunca caerán”. 2ª Pedro 1:10


Al recordar la venida de Jesús al mundo, hagamos un auto análisis respecto a la verdad que nos ha sido revelada, meditemos en ella una y otra vez y después evaluémonos. Solo así comprobaremos si lo que predicamos está siendo practicado y aplicado en cada una de las decisiones y actos diarios de nuestra vida.


Dios nos ayude a “comprobar si realmente formamos parte de los que Dios ha llamado y elegido”, siendo maduros y consecuentes. Que nuestros frutos nos avalen y puedan verse reflejados en el ejercicio diario, practicados de forma natural en toda área de nuestra vida y en todas y cada una de las decisiones que tomemos, por grandes o pequeñas que éstas nos parezcan.

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