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ES COSA DE PERSPECTIVA

En cierta ocasión un acaudalado padre, que poseía una gran mansión en la ciudad, decidió enviar a su hijo al campo por pocos días, para que éste viera in situ cómo vivían las personas pobres.

Cuando se cumplieron los días estipulados el padre se reunió con su hijo para preguntarle cuál había sido su experiencia, cómo vivía esa gente y lo que había aprendido. Su hijo le respondió:

 

- Fue una experiencia inolvidable papá. No tienes idea cómo vive esa gente. Aprendí tantas cosas.

Nuestra propiedad está rodeada de muros para protegernos y ellos tienen amigos que los protegen. El jardín termina donde está la cerca y ellos tienen el horizonte. Nuestra piscina ocupa un quinto de nuestro jardín, pero ellos tienen un arroyo al que no se le ve el fin. En lugar de alumbrar con faroles el patio, ellos tienen las estrellas. Nosotros usamos aparatos electrónicos para escuchar música y a ellos les cantan los pajaritos. Nuestra comida la compramos en el supermercado, pero ellos la cultivan. Nosotros tenemos personas que nos sirven, pero ellos sirven a otros.

 

El padre quedó con la boca abierta sin saber qué decir. Después el joven terminó diciendo:

- Gracias papá por enseñarme lo pobres que somos.

 

Como vez, todo es cuestión de perspectiva, del ángulo desde donde estemos viendo la vida.

Nos es tan fácil confundir las cosas materiales que poseemos con las bendiciones que a diario recibimos del Señor. Esta simple historia nos enseña que Dios no solo está bendiciendo a las personas que “tienen mucho”.

Las posesiones materiales son importantes y muchas de ellas necesarias, pero no lo son todo. El dinero es importante, pero cuidado con que no termine siendo un obstáculo para reconocer la provisión y bondad de Dios en nuestra vida y terminemos rindiéndole culto o creyendo que todo es gracias a nuestro esfuerzo y capacidades. ¡Cuidado con la perspectiva!

 

La Palabra de Dios nos dice:

“Conozco tus sufrimientos y tu pobreza. ¡Sin embargo, eres rico!” Apocalipsis  2: 9

 

¡Somos ricos! ¿Qué tal si comenzamos por hacer una larga lista con todas las bendiciones que tenemos y le agradecemos a Dios por cada una de ellas, en lugar de afligirnos o molestarnos por las que no tenemos?

Recordemos agradecer por las cosas que no tienen precio: como conocerlo a Él, su perdón y la libertad que nos ha dado. Por la familia, los amigos, la salud, etc. Verás que con este ejercicio nos sentiremos agradecidos y felices

 

Pongamos cada día nuestra confianza en Él, creyendo que proveerá para cada una de nuestras necesidades para vivir con nos manda. Pidámosle que cambie nuestra forma de ver y valorar cada una de nuestras posesiones.

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