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UN PEDAZO DE PASTEL

En la vida podemos pasar por situaciones realmente difíciles e inesperadas. En ese tipo de situaciones nos hacernos la siguiente pregunta: ¿Por qué me a mí?

 

Intentamos encontrar una explicación lógica y no la hayamos, por el contrario, el panorama pareciera ponerse cada vez más obscuro, porque lo vemos a través de nuestros ojos, con una perspectiva limitada.

 

Leí la anécdota sobre una hija que se lamenta con su madre. Todo en su vida le estaba saliendo mal: Reprobó álgebra, su novio terminó con ella y su mejor amiga se cambió de ciudad.

Mientras, su mamá preparaba un pastel le preguntó si quería comer algo. Ella respondió: “Me gustaría comer un trozo de pastel”.

- Ten, toma una taza de este aceite, le ofrece su madre. ¡Qué asco mamá!, responde su hija.

- ¿Qué tal un par de huevos crudos entonces? continuó la mamá. ¡¿Cómo crees mamá?!

- Bueno, ¿entonces prefieres algo de harina? O ¿qué tal bicarbonato ?, insistió su madre.

- ¿Cuál es la idea mamá? ¡Todo eso es asqueroso! respondió la hija.

- Así es hija, concluyó la madre, todas esos ingredientes por separado parecen malos, pero cuando los unes de la manera adecuada, ¡hacen un pastel delicioso!

 

Dios trabaja y ve las cosas de forma muy distinta a como las vemos nosotros.

Por lo general responsabilizamos a Dios por lo negativo y creemos o sentimos que lo “bueno” que nos sucede es un derecho adquirido. Caemos en la tentación de pedirle explicaciones, le reclamamos cómo es posible que Él permita tanto dolor, sufrimiento e injusticias, etc.

 

“Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza”. Jer.29:11

 

Sin embargo, y a pesar de lo que podamos sentir o pensar, Él tiene el poder para poner todas los “ingredientes” de nuestra vida en orden y hacer que trabajen para nuestro bien y forjar nuestro carácter. Eso no quita que sea difícil y doloroso, que no las entendamos y que tal vez nunca lo hagamos.

 

A pesar de ello, podemos confiar en Él y saber que tarde o temprano, Él transformará esos episodios “poco apetitosos” en algo bueno para nuestra vida, como un rico pedazo de pastel, que no solo disfrutaremos nosotros, sino que podremos entender, consolar y bendecir a otros que estén pasando por circunstancias similares.

 

“¡Demos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Él es un Padre bueno y amoroso, y siempre nos ayuda. Cuando tenemos dificultades, o cuando sufrimos, Dios nos ayuda para que podamos ayudar a los que sufren o tienen problemas”. (1ª Cor. 1:3-4 TLA)

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