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LA ESCALERA

Durante mi infancia, pasé tardes enteras jugando con mis primos. Jugábamos a la “casita”, mientras nuestros “maridos” se iban a la guerra y volvían a la hora de la comida.

En nuestro “campo” (jardín de mis abuelos), habían árboles a los cuales nos subíamos a tomar café mientras esperábamos a los hombres. Desde la altura podíamos divisar si ellos venían en camino.

 

Años más tarde volví a aquel “campo” de juegos y no podía creer el tamaño de los “árboles” a los cuales trepábamos, ¡eran ridículamente pequeños! Hubiese sido imposible volver a treparme a uno de ellos sin destruirlo totalmente.

Todo es cuestión de perspectiva. Yo era muy pequeña y todo me parecía gigante, después de adulta ¡todo lucía tan chico!

 

¡Qué importante es la perspectiva en nuestra vida! Vemos grandes o pequeñas las cosas o situaciones, dependiendo del ángulo y de la forma en que las percibamos.

Podríamos decir que la perspectiva humana está basada en un juicio o en una visión muy personal de la realidad y muy relacionada con nuestros sentimientos. Ésta puede estar condicionada por nuestra edad, creencias, experiencias, etc. Sin embargo, el desafío que Dios nos plantea es que subamos de nivel. Que tomemos una gran escalera, para dejar de ver las cosas a nuestra manera, con todas las limitaciones que esto implica y comenzar a verlas de forma diametralmente diferente, desde la perspectiva de Dios.

¿Por qué será que aun teniendo la bendición de elevarnos con nuestro Padre Celestial para ver las cosas desde Su perspectiva insistimos en quedarnos abajo?

 

“Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha”. Sal.73:21-23

 

Gracias a Dios por la presencia de Su Espíritu Santo en nosotros y por la revelación de Su Palabra que permanentemente nos invita a tomarnos de Su mano y subir.

 

Depende de nosotros quedar atrapados en un bosque de problemas, lamentándonos porque no vemos la salida, o tomar nuestra escalera y subir a las alturas, donde todo se ve tan pequeño, porque estamos viendo las cosas a la manera de Dios.

 

“No nos desanimemos. Aunque nuestro cuerpo se va gastando, nuestro espíritu va cobrando más fuerza. Las dificultades que tenemos son pequeñas, y no van a durar siempre... Porque nosotros no nos preocupamos por lo que nos pasa en esta vida, que pronto acabará. Al contrario, nos preocupamos por lo que nos pasará en la vida que tendremos en el cielo. Ahora no sabemos cómo será esa vida. Lo que sí sabemos es que será eterna”. 2ª Cor.4:16-18 (TLA)

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