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Colosenses 3:16-17 (NTV)

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LA LANGOSTA

Son impresionantes las poderosas lecciones que uno puede obtener de un animalito “cascarudo”, como una langosta.

La langosta es un crustáceo suave y pulposo, cubierto por una dura caparazón. Entonces ¿cómo hace para crecer, ya que su caparazón es rígida y no crece con ella? Es sencillo y a la vez complejo.

 

En el proceso de crecimiento de la langosta su caparazón se vuelve una gran limitante. Ya no tiene más espacio para crecer, está muy incómoda y se siente bajo mucha presión.

Entonces comienza otro proceso sorprendente. La langosta se va debajo de algunas rocas, para protegerse de sus depredadores y lentamente se desprende totalmente de su antiguo caparazón y produce uno nuevo.

Con el paso del tiempo ese nuevo caparazón vuelve a quedarle chico, impidiéndole crecer, provocándole mucha incomodidad y estrés. Entonces, una vez más, vuelve a cobijarse bajo las rocas para despojarse de su viejo caparazón y así quedar con uno que le permitirá seguir desarrollándose.  Este proceso se repite varias veces durante su vida.

 

Increíblemente el estímulo que le permite a la langosta crecer es la incomodidad.

Ahora, si las langostas fueran como nosotros los humanos y pudieran ir al doctor para evitar el sufrimiento por el que atraviesan durante los procesos de muda de caparazón y aliviar así sus dolores, ¡nunca crecerían!

Apenas sintieran un dolorcito correrían a pedir un fuerte analgésico y como se sentirían fantástico nunca cambiarían su caparazón y probablemente morirían.

 

Ahora, comparemos este proceso al de ser corregidos (disciplinados/enseñados) por Dios.

Por su gran amor para con nosotros, Él permite que pasemos por tiempos de incomodidad, de sufrimiento y de estrés, pero no para hacernos sufrir o castigarnos, sino para que crezcamos.

 

“Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad. Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella. Por lo tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y fortalezcan sus rodillas debilitadas”. Heb.12:10-12

 

No estamos diciendo que sea algo fácil y como dice su palabra, tampoco es algo agradable.

Pero no nos conformemos con “viejos cascarones” que nos llenan de temor e inseguridad y nos impiden crecer. Es tiempo de dejar nuestra zona de confort y cobijarnos bajo la Roca que es Jesucristo y recibamos con gusto la coraza que Dios nos está dando para crecer aún en medio de la adversidad.

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