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VE Y AVERIGUA

Si tuviéramos que someternos a un “examen final de fe práctica”, ¿qué nota crees que obtendrías? Como cristianos, aseguramos creer en Jesús y conocerle y no dudo ni por un segundo de la sinceridad de nuestras palabras, sin embargo, me temo que al momento de ser “calificados” algunos sacaríamos un rojo.

 

En Marcos 6 leemos sobre el ministerio de Jesús, acompañado por sus discípulos. Viajes, poderosos mensajes y enseñanzas, reprendían demonios, sanidades, milagros, etc.

 

De regreso de uno de esos viajes, todos ellos venían sumamente agotados y decidieron apartarse para descansar. Pero esto no fue posible ya que la gente desesperada por escuchar al Maestro, los seguían a todas partes.

 

Una gran multitud los esperaba y Jesús al ver aquellas 5000 personas que se habían agolpado en el lugar, tuvo compasión de ellas porque eran como ovejas sin un pastor que los atendiera y cuidara.

Los discípulos cansados le proponen a Jesús que los despida, para que se vayan a sus granjas o aldeas y se compran algo para comer.

Pero Jesús les respondió: —“Denles ustedes mismos de comer” Mc.6:37

 

Imagino la cara de asombro de los discípulos: ¿Es broma Jesús?, ¿cómo pretendes que podamos alimentar a semejante multitud? ¿Sabes que eso costaría una fortuna? ¡No tenemos el dinero suficiente para comprar las toneladas de comida necesaria!

 

Entonces Jesús les vuelve a preguntar: “¿Cuántos panes tienen? Vayan y averigüen”. Mc.6:38

 

Cuando averiguaron, sólo contaron cinco panes y dos pescados, o sea, una cantidad ridícula pensando en lo que se requería para poder alimentar a toda esa hambrienta multitud.

 

A veces, al llegar la prueba, no estamos listos para rendir el examen final. En lugar de aprovechar la oportunidad para demostrar que conocemos y confiamos en el Señor, nos concentramos en el problema y nos olvidamos que Su provisión para cada una de nuestras necesidades es más que suficiente. Nos mirarnos a nosotros mismos, nuestras limitaciones y no entendemos la grandeza del corazón compasivo de Jesús. Por eso dudamos en los momentos de dificultad.

 

¿Qué tenemos para ayudar? ¿Esperamos estar descansados o desocupados para ser compasivos? ¿Estamos tan concentrados en nuestras limitaciones que no podemos reconocer que la solución está en las manos de Aquel que todo lo puede y que quiere usarnos para ayudar a otros?

 

Jesús no va a esperar que todo en nuestras vidas marche sobre ruedas para encomendarnos una tarea e ir en ayuda de aquellos que tanto lo necesitan.

Dios nos desafía a ser compasivos, a ir y averiguar lo que hay en nuestras manos. No nos conformemos con ser simples espectadores de lo que Él puede y quiere hacer a través de nosotros. Aprovechemos la oportunidad para serlo y ¡pasemos el examen!  

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