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UN MINISTERIO DE JOVENES ENFOCADO EN LA FAMILIA


Hoy les quiero compartir un artículo de un hombre que ha marcado y marca mi vida, de manera especial en el enfoque del servicio a los jóvenes y a la familia.


Este es tipo de persona que Dios usa silenciosamente, para marcar a generaciones para estar enfocados en el propósito de Dios revelado en la Escrituras.


JIM BURNS es Fundador y presidente de HomeWord, una organización sin fines de lucro que ayuda a padres, pastores y líderes con capacitación y recursos prácticos en el mundo de habla inglesa. Autor de numerosos libros.


He leído (y disfrutado) la mayoría de libros escritos con relación al ministerio juvenil enfocado en la familia. De hecho, aún puedo recordar la misma semana que fue publicado el libro de Mark DeVries, Family-Based Youth Ministry. Dije en aquella ocasión y todavía lo sostengo, que el libro de Mark presenta un para­digma sumamente importante para el ministerio holístico. Sin embargo, todavía estoy buscando una definición simple y un soporte práctico de cómo se ve en verdad el ministerio basado en la familia.


Hace varios años conduje un estudio de campo entre varios líderes juveniles y les pregunté, “¿Qué estás haciendo para ayu­dar a las familias a ser exitosas?”. Las respuestas fueron casi idénticas. “Sé que trabajar con las familias y con los padres es importante, y es mi meta principal para el año próximo”. La mayoría de los líderes juveniles que conozco todavía están tra­tando de colocar sus manos y su mente en esta parte importante pero ilusoria del ministerio juvenil. Sabemos que las familias son vitales para el crecimiento espiritual y bienestar de nues­tros jóvenes, pero no tenemos suficiente tiempo en nuestro ya saturado calendario para agregar ministerio a familias y pa­dres además de lo que hacemos por nuestros jóvenes.


Mientras seguía buscando esa simple y definitiva respuesta, ocurrió algo muy importante para mí en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén cuando estaba de pie con mi fa­milia y algunos amigos. Observábamos varias celebraciones de Bar Mitzvah sucediendo. Los muchachos eran rodeados por miembros de la familia que celebraban mientras cada joven recitaba de memoria las palabras de la Torah. Fue una expe­riencia increíblemente conmovedora. Aquellos padres, tíos, abue­los, hermanos y amigos tomaban todos, un rol activo en la vida espiritual de estos jóvenes.


Para ser sincero, me siento un poco celoso de que la fe judía tenga tantas ceremonias importantes en comunidad mientras que nosotros los cristianos típicamente hemos hecho poco con estos ritos especiales de crecimiento. Recuerdo una lección oscura que aprendí en mis días en el seminario. Mi profesor explicaba lo que él llamaba en hebreo, la Shema. Nos dijo que la Shema, fundamentado en Deuteronomio 6:4-9, era el pasaje más citado de toda la Biblia.


Cada mañana y cada tarde de cada día, los judíos ortodoxos recitan esta sección importante de la Torah. Estos textos están escritos en las puertas de sus casas. Hoy prácticamente no hay ningún judío que no pueda citarlos de memoria. Es la esencia del Antiguo Testamento resumido en unas cuantas frases. En el Nuevo Testamento no hay mucha discusión de esta sección de las Escrituras, creo que es porque estaba tan profundamen­te enraizado en la mente y corazón de cada judío que no era necesario.


Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Há­blales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.


Mi tiempo en el Muro de las Lamentaciones hizo que viera el Shema con ojos frescos y lo que encontré me sorprendió. Esta escritura es, de hecho, la piedra angular del ministerio juvenil enfocado en la familia. Para poder alcanzar a los jóvenes, par­te de nuestro trabajo como líderes juveniles es fortalecer a las familias para dejar impresa la Palabra de Dios en sus mentes y corazones.


Por primera vez, vi a los padres no como un programa más en la periferia de mi ministerio, sino como algo central a mi llamado. El ministerio juvenil enfocado en la familia no se trata de agre­gar un programa. Es una mentalidad.


En los días bíblicos, las personas de Israel tenían un mejor entendimiento de sus roles como padres y miembros de la fa­milia. Ellos sabían que su llamado más importante era “dejar impreso en sus hijos” la Palabra de Dios. Debían hablar de ella y vivir su fe diariamente. Cada hijo sabía su lugar en la familia y en su fe.


Hoy muchas familias carecen del entendimiento y de las herra­mientas necesarias para criar hijos en el legado de la fe. Noso­tros, como parte del liderazgo de la iglesia, debemos cargar una parte sana de la culpa, porque hemos dejado que los padres deleguen el entrenamiento espiritual de sus hijos en nosotros. Aun así, no veo que los padres estén clamando por tomar nue­vamente su responsabilidad.


A pesar de esto, ¿podemos comenzar a ver en el ministerio a la familia como una prioridad y no solamente los jóvenes? Creo que podemos y estoy convencido que debemos hacerlo.


No tenemos respuestas sencillas para esto, quizás sólo tengamos de­cisiones difíciles para tomar de esas que pueden complicar nuestros ministerios. Pero hemos sido llamados a ayudar a que las familias sean exi­tosas. Por ahora, un buen lugar para comenzar es cambiando nuestra mentalidad, levantando banderas y haciendo conocido el hecho de que padres y familias (no solamente jóvenes) sean valorados en nuestros ministerios.


Aquí hay cuatro áreas simples en las que los ministerios pue­den implementar un cambio de mentalidad:


INFORMAR A LOS PADRES. Los padres quieren información y nunca debemos asumir que los jóvenes se las están trans­mitiendo. Las formas más sencillas de comunicarnos con los padres incluyen un boletín impreso o electrónico, noches infor­mativas o un almuerzo después de la iglesia, una línea telefó­nica o página web con información, mensajes de texto, página en Facebook o mensajes por Twitter y un prominente tablero de anuncios en el templo. Hoy, con las personas prefiriendo obtener la información en una variedad de formas, entre más lugares uses para distribuir la información, más oportunidades tendrás de que la información sea exitosamente comunicada.


ASISTIR A LOS PADRES. Asistir a los padres es una parte críti­ca para ayudar a las familias a ser exitosas. Puedes proveer en muchas formas: construir relaciones con los padres, auspiciar seminarios para padres, crear grupos de apoyo, ofrecer referen­cias de consejería familiar, compartir en tu sitio web enlaces de recursos para padres, e incluso crear una biblioteca para prestar recursos.


INVOLUCRAR A LOS PADRES. No todos los padres encajarán como voluntarios en puestos ministeriales, pero hay tantas formas diferentes de involucrar a los padres que es probable que puedas involucrar a la mayoría en algunos aspectos de tu ministerio: equipo de oración, consejo de asesores, transpor­te, preparación de alimentos, discipulado, levantamiento de fondos, manejo de datos, administración, hospitalidad, y otras más. Cuando los padres se convierten en parte de tu equipo, ellos desarrollan un sentido de pertenencia en tu ministerio. ¡Eso es grandioso!


ANIMAR A LOS PADRES. Nunca entendí cuán difícil es ser pa­dre hasta que tuve a mis tres hijas. Me di cuenta que necesi­to todo el ánimo que pueda encontrar. Escribe notas de afirmación, mensajes de texto y correos electrónicos. Haz bre­ves llamadas telefónicas sólo para saber cómo están los padres. Siéntate con ellos cuando asistas a los eventos de sus hi­jos. Cada vez que le ofreces el regalo de afirmación a un padre, ¡estás haciendo ministerio juvenil enfocado a la familia!


¡Siempre he dicho que hacer algo es mejor que hacer nada! Así que, comienza, pero tómalo con calma. No tienes que hacer grandes cambios hoy. Recuerda, el gran cambio es de mentalidad, no de programas.

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