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ESTOY EN CASA

Había una niñita que vivía frente a una plaza donde había una cruz de piedra. Un día ella salió de la comodidad de su hogar a jugar. Sin darse cuenta se fue alejando de su hogar, hasta que llegó el momento en que no tuvo idea de donde se encontraba.

Pasaron los minutos y las horas, y su dulce y alegre carita se llenó de angustia y miedo. Caminó por horas tratando de encontrar su casa, pero entre más caminaba, más se alejaba y todo era extraño, era de noche y estaba perdida.

 

Un señor se percató de su angustia y le preguntó qué le pasaba, si estaba perdida, y conocía su dirección. Ella no recordaba el nombre de su calle, solo pudo describir el entorno de su hogar, una plaza donde al centro había una cruz de piedra.

El hombre tomó su mano y con ternura la tranquilizó y le dijo que la ayudaría a regresar a su casa. Caminaron mucho, hasta que finalmente el entorno se volvió familiar. De pronto ahí estaba, en medio de la plaza, la hermosa cruz de piedra, y frente a ella la casa de su papá, y emocionada dijo:

 

- Señor, señor, pare por favor, exclamo emocionada. ¡Hemos llegado!, ahí está la cruz, hemos llegado a mi hogar, adentro me espera mi padre.

 

Más que estar perdidos físicamente, en ocasiones sentimos como si anduviéramos deambulando por la vida, sin rumbo fijo, tratando de hallar un lugar en la vida o de llegar a sitios o alcanzar metas y logros, pero seguimos sintiéndonos desubicados, inestables, vacíos, insatisfechos…. ¡perdidos!

 

Los seguidores de Jesús tenemos el privilegio de vivir permanentemente en Su presencia, aunque nuestra tendencia es la de “salir a jugar al patio” y terminar perdiendo el rumbo. Pero debemos entender que es solo cuando estamos en Su presencia que encontramos sentido, pertenencia y dirección para nuestra vida.

 

“¡Qué alegría para los que pueden vivir en tu casa cantando siempre tus alabanzas! ¡Qué alegría para los que reciben su fuerza del Señor, los que se proponen caminar hasta Jerusalén! Cuando anden por el Valle del Llanto, se convertirá en un lugar de manantiales refrescantes; las lluvias de otoño lo cubrirán de bendiciones” Sal. 84:4-6

 

La vida nos lleva por lugares desconocidos, sombríos, complicados y dolorosos. Sin embargo, cuando descubrimos lo grandioso de vivir en la presencia de Dios, bajo sus alas, entendemos el verdadero significado y la importancia de estar con Papá en nuestro hogar.

Jesús, (la cruz de la placita), es el camino al Padre, su Espíritu, (el hombre de la historia), es nuestro guía y nos lleva a toda verdad, de regreso a casa, a los brazos de nuestro Padre, ahí donde todo es suficiente, donde él lo llena todo y podemos reposar.

 

¡Que maravilloso es estar contigo en casa Señor, quiero llegar a mi hogar!

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