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CAMBIO DE ESTACIÓN

Las estaciones del año son verdaderas obras de arte. Cualquier museo de renombre mundial quisiera tener en sus colecciones alguno de sus insuperables paisajes, “pintados” por la magistral mano de Dios.

La primavera con sus templadas temperaturas y el brote de flores. El verano nos abraza con sus altas temperaturas y períodos vacacionales. El otoño con sus días frescos y ventosos, pintando el paisaje con tonos naranja y finalmente el invierno que nos lleva a cobijarnos y disfrutar de noches más largas.

 

Cada estación con su encanto, su colorido, sus aromas, sabores, temperaturas. Sería difícil decir cuál de ellas es la mejor ya que cada una tiene su propósito y beneficios. Las estaciones del año son realmente importantes ya que ellas mantienen la vida en nuestro planeta.

 

En ocasiones quisiéramos que el verde del verano se prolongara. Me puedo imaginar diciéndole a los árboles de verano:

- Por favor árboles, ¡quédense así! Pero los árboles simplemente no me escuchan, ellos obedecen a quien los creó y siguen su ciclo, se deshacen de todas sus hojas y se preparan para entrar en un sueño profundo y volver a florecer y dar fruto.

Termina el verano dando paso al otoño, pintando el paisaje con tonos dorados, naranjas y cafés. Las hojas de los árboles comienzan a caer y el viento se encarga de esparcirlas por todas partes.

 

El otoño es una época maravillosa para observar la naturaleza y también para aprender de ella.

Si bien es cierto que en la vida atravesamos por épocas difíciles, períodos muertos, deberíamos hacer como los árboles que no se aferran tercamente a sus “hojas muertas” y se liberan de ellas.

Dejemos a un lado la tendencia a acumular y cargar con cosas que nos anclan al pasado y evitan que florezcamos nuevamente.

 

¿Deseamos salir de una vez por todas de estados complicados, negativos, agobiantes y deprimentes? La Palabra de Dios nos insta a liberarnos de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. (Ef.4:31)

Abrámonos a la posibilidad de comenzar una nueva estación. Dejemos caer nuestras hojas viejas y permitamos la llegada de una nueva estación.

 

 “Olvida las cosas anteriores; no te detengas en el pasado. ¡Mira, estoy haciendo algo nuevo! Ahora brota; ¿no lo percibes? Estoy haciendo un camino en el desierto y arroyos en el páramo”. Is.43:18-19

 

Que el Espíritu Santo nos muestre esas hojas podridas que debemos eliminar para cambiar nuestro corazón. Y que ninguna culpa del pasado impida que experimentemos esa nueva temporada que nos hará florecer y dar abundantes frutos.

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